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Thesalónica, la ciudad de la Torre Blanca

El autobús desde Skopje a Thesalónica abandonaría la capital macedonia a primera hora de la mañana. El trayecto, de unas 4 horas, se haría de lo más agradable gracias al paisaje verde y montañoso que une ambos países.


En ocasiones había oído que la frontera entre Macedonia y Grecia era algo conflictiva, que los trámites burocráticos se alargaban en exceso...incluso que era un lugar propicio para sufrir alguna ''mordida'' por parte de los policías...sin embargo, a pesar de las colas, todo se realizaría con total normalidad.


Ya en el otro lado de la frontera, y de vuelta en la Unión Europea, los carteles en cirílico darían paso al griego, así como los campos de olivos, las casas blancas...y un calor húmedo que indicaba nuestra cercanía a la costa. En torno a la 1 del mediodía, y con casi 40º de temperatura, por fin llegaríamos a la estación central de Thesalónica.



Indicaciones en Thesalónica

Capital de la región de Macedonia Central y con una población que supera el millón de habitantes, Thesalónica es la segunda ciudad más importante de Grecia, sólo por detrás de Atenas, así como uno de los principales puertos del Mar Egeo, dada su excelente ubicación geográfica a mitad de camino entre Roma, las costas del Adriático y el Egeo, Atenas y Estambúl.


Su nombre proviene de la princesa Tesalónica de Macedonia, hermana de Alejandro Magno y esposa del rey Casandro, fundador de la ciudad, y actualmente es considerada como uno de los centros económicos, industriales y culturales más importantes del país.


Tras salir de la estación de tren y autobús, caminaría a lo largo de la Calle Egnatia, una de las más importantes de la ciudad, en dirección este, hasta llegar al que sería mi alojamiento durante las siguientes dos noches, un hotel algo destartalado pero muy bien ubicado, en el que pagaría 14€ la noche por una habitación privada.



Plaza de Aristóteles

Tras ducharme, comer algo, y descansar del caluroso viaje, comenzaría propiamente mi recorrido por Thesalónica dirigiéndome hacia uno de los puntos más visitados y concurridos, su paseo marítimo, un recorrido de casi 10 kilómetros repleto de cafeterías, terrazas, artistas o mercadillos improvisados desde el que captaremos gran parte del alma de la ciudad, divisaremos los enormes muelles del puerto, la tranquilidad del Mar Egeo, y disfrutaremos de amaneceres y atardeceres que bien merecen una visita.


Muy próxima al paseo marítimo se encuentra la Plaza de Aristóteles, la más importante de la ciudad, otro lugar perfecto para tomar algo mientras disfrutamos de algunos de los edificios más emblemáticos de Thesalónica, como el lujoso Hotel Electra, de 5 estrellas, o el cine Olympion, en el que cada año se celebra el Festival Internacional de Cine de la ciudad, uno de los más prestigiosos del sur de Europa.



Paseo marítimo de Thesalónica

Pero si hay un lugar simbólico en Thesalónica, ese es la Torre Blanca. Construída por el Sultán otomano Suleimán el Magnífico, esta torre, que antaño formaba parte de la muralla de la ciudad, tenía una doble función...por un lado, servir como torre defensiva dada su ubicación frente al mar, y por otro, ser utilizada como prisión. Su nombre proviene de la época en la que el ejército griego volvería a conquistar Thesalónica, pintando la torre de este color como símbolo de purificación...lo cierto es que se trata de un lugar a visitar sí o sí en la ciudad, pues además de su importancia histórica, se encuentra en una zona con buen ambiente a prácticamente cualquier hora del día.


Al día siguiente, dedicaría la práctica totalidad de la mañana a recorrer la Thesalónica más monumental, comenzando por el antiguo ágora, una enorme explanada utilizada desde el siglo III antes de Cristo por los romanos como mercado central, en la que también se encontraban los baños, saunas, y hasta un teatro con capacidad para 400 personas.



Torre Blanca, símbolo de la ciudad

Muy cerca de allí, y de vuelta en la calle Egnatia, se encuentran dos de los lugares más visitados de la ciudad, el Arco y la Rotonda de Galerio, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1988. Se trata de dos monumentos mandados construír por el emperador romano Galerio, allá por el siglo IV, como parte del recinto que este quería levantar en torno al palacio que poseía en la ciudad. El acceso a ambos monumentos es gratuíto, siendo una visita bastante interesante, pues a pesar de la antigüedad de las obras, su grado de conservación es muy aceptable, dando una buena idea al visitante del ambiente que allí acontecía siglos atrás.


Otro de los aspectos que sin duda destaca en Thesalónica es el religioso...multitud de templos, especialmente de la época bizantina, pueblan el centro de la ciudad, pudiendo encontrar una obra de arte en forma de iglesia en casi cada esquina. Una de las más importantes es la de Santa Sofía, del siglo VIII, la considerada como más antigua de la ciudad, y que al igual que el Arco y la Rotonda de Galerio forma parte del conjunto de monumentos paleocristianos y bizantinos declarados Patrimonio de la Humanidad.



Arco de Galerio, en la Calle Egnatia

Otros monasterios de visita recomendada son la iglesia de San Dimitrios, la de San Pantaleimon, o la que personalmente más me gustó, la de San Panagia Dexia...es impresionante ver el respeto y el fervor con el que se reza en su interior, así como la decoración, el ambiente...lo cierto es que una visita a cualquiera de ellos se hace imprescindible en cualquier viaje a la ciudad.


Tras tres días de estancia en Thesalónica, y después de haber recorrido gran parte de su centro histórico, volvería a preparar la mochila para emprender el camino hacia el aeropuerto.


Aquella tarde realizaría un vuelo rumbo a una nueva capital, la última antes de emprender el camino de vuelta a casa, pero sobre todo, a uno de esos lugares que desde siempre había soñado con visitar...historia, cultura, tradición, gastronomía...próximo destino: Atenas!