Lalibela: 3 días en la ciudad monástica

Tras mi primera toma de contacto con Etiopía, abandonaría Adís Abeba en dirección al norte del país, hacia la ciudad monástica de Lalibela, el lugar que, junto a la isla de Zanzíbar, más ilusión me hacía conocer de todo mi viaje por África.


Lalibela es, junto a Aksum, una de las dos ciudades santas del país, y uno de los lugares de peregrinación más importantes para la religión ortodoxa etíope. Su importancia proviene del siglo XII, cuando el rey Gebra Maskal Lalibela, que dio nombre a la ciudad, pretendió construir en ella una nueva Jerusalén, en respuesta a la conquista de Tierra Santa por los musulmanes.



Lalibela, Etiopía,


Sin embargo, llegar a Lalibela no es nada fácil. Con una población cercana a los 15.000 habitantes, la ciudad se encuentra en la montañosa región de Amhara, a más de 2500 metros de altitud...y dado el estado de las carreteras del país, los casi 700 Km que separan Lalibela de Addis, la capital, se convierten en más de 15 horas de viaje en autobús, que los propios locales llegaron a desaconsejarme por motivos de seguridad. 


Por ello, aunque algo cara, la mejor opción es volar entre las dos ciudades. Ethiopian Airlines, la compañía de bandera del país, opera varios vuelos diarios a la ciudad, ya sea de forma directa, o con escalas en localidades como Gondar o Bahir Dar, en un viaje que, con escalas incluidas, nos tomará un máximo de 2 horas desde Adís.


Tras un vuelo bastante agradable, aterrizaríamos en el aeropuerto de Lalibela, uno de los más pequeños en los que he estado. Nuestro avión, con capacidad para u