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Belgrado: un recorrido por la capital de Serbia

Tras algo más de 7 horas de viaje desde Sarajevo, por fin llegaríamos a Belgrado, la capital de Serbia. El trayecto sería bastante tranquilo y dejaría algunos paisajes para el recuerdo...las montañosas proximidades de Sarajevo, la zona circundante al río Drina, frontera natural entre ambos países, o las verdes llanuras serbias, en las que el sol y el calor propios del verano comenzaban a hacer acto de presencia.


Bañada por los ríos Sava y Danubio, Belgrado es con algo más de 1.200.000 habitantes la capital de Serbia, así como la ciudad más poblada de los Balcanes. Su nombre vendría a significar ''Ciudad Blanca'', y está considerada como una de las más antiguas de toda Europa, aunque si algo la ha caracterizado en los últimos siglos ha sido su estatus de capital...primero del Principado de Serbia, posteriormente de su Reino, y sucesivamente de las distintas manifestaciones de Yugoslavia, Serbia y Montenegro, y actual República de Serbia.


Calle Knez Mihailova

Los alrededores de la estación estaban repletos de gente, y multitud de taxistas se acercaban a los pasajeros que acabábamos de llegar ofreciendo sus servicios. En aquel momento, di gracias de llevar en el móvil la foto de un mapa de la ciudad...y comencé a orientarme. Media hora después, y tras subir una pronunciada cuesta, por fin me encontraría en la parte alta de Belgrado...en el centro de la ciudad.


El primer lugar al que me dirigí fue a la Plaza de la República, en pleno corazón de la ciudad, y en la que podemos encontrar edificios como el Teatro Nacional, el Museo Nacional o la Estatua del Príncipe Mihailo III. Muy cerca de allí parte la calle peatonal Knez Mihailova, repleta de cafeterías, heladerías, tiendas de ropa, restaurantes...constituyendo en definitiva la zona comercial y de ocio más importante del centro de Belgrado.



Edificios gubernamentales del centro de Belgrado

Tras pasear por esta zona, comenzaría mi camino en dirección sur hacia el que probablemente sea el símbolo de la ciudad, la Catedral ortodoxa de San Sava. Desde la Plaza de la República, tan sólo hay que caminar recto a través de las calles Terazije y Kralba Milana. Durante este trayecto, de una media hora de duración, caminaremos junto a multitud de edificios representativos y gubernamentales de Belgrado, como el Palacio Presidencial, la Asamblea de la Ciudad, el Ministerio de Economía, la Cámara de Comercio o el célebre Hotel Moscú.


Ya junto a la Catedral, aprecié la grandeza de la considerada como iglesia ortodoxa más grande de Europa...de estilo serbo-bizantino, la construcción de esta Catedral comenzaría en el año 1935, y al igual que sucede en la Sagrada Familia de Barcelona, su levantamiento todavía no ha finalizado, siendo este financiado únicamente mediante donaciones.



Catedral de San Sava

Lo cierto es que es uno de los templos que más me ha impresionado...puede que su interior, cuya entrada es gratuíta, ''decepcione'' un poco, pues como quien dice está a ''medio construir'', pero su fachada de mármol blanco, granito, y su cúpula de 82 metros de altura merecen una visita.


Al día siguiente, con un tiempo mucho más fresco, volví a dirigirme a la calle Knez Mihailova, esta vez para llegar a otra de las principales atracciones de la ciudad, la Fortaleza de Kalemegdan.


Se trata de un recinto amurallado, repleto de parques y zonas verdes, en el que además de encontrarnos monumentos y lugares históricos, como el Mausoleo de los Héroes, en el que descansan los restos de diversos personajes de gran relevancia en la historia del país, podemos disfrutar de algunas de las mejores vistas de la ciudad.


Fortaleza de Kalemegdán

Dada su localización, en una zona elevada y junto al río Sava, resulta el lugar perfecto para ver la confluencia de este con el Danubio, además de una panorámica conjunta de la ciudad antigua con la ciudad nueva, ubicada al otro lado del río.


Tras pasear por la fortaleza durante un par de horas, una lluvia intensa, similar a la que había encontrado en Zagreb días atrás, haría acto de presencia. Aquella tormenta no me abandonaría durante el resto de mi estancia en Belgrado, por lo que tendría que acostumbrarme a disfrutar de la capital serbia bajo el agua.


Confluencia de los ríos Sava y Danubio

Uno de los lugares que tenía gran interés en visitar era el Antiguo Ministerio de Defensa, edificio bombardeado por la OTAN a finales de los años 90, que a pesar de sus enormes desperfectos, sigue todavía en pie. Dado que es un lugar que no suele aparecer en guías o mapas turísticos, me costó algo encontrarlo, pero una vez conociendo el camino su acceso resulta bastante sencillo, pues se encuentra en una zona céntrica de la ciudad.


Para llegar, lo mejor es dirigirnos a la estación de tren, y desde allí caminar a través de la calle Nemanjina hasta el cruce con la calle Kneza Milosa. Una vez allí, la sensación es impactante...realmente parece que nos encontremos en una zona de guerra, pues a pesar de que han pasado más de 15 años de aquel bombardeo, todo sigue tal cual...ventanas rotas, paredes destruídas, escombros..un ejemplo de que muchas veces, una imagen vale más que mil palabras.



Antiguo Ministerio de Defensa

Realmente Belgrado no es una ciudad turística al uso, pero la cantidad de jóvenes, la amabilidad de la gente, los parques, museos, lugares con historia, y en definitiva, esa ''erótica'' de los destinos atípicos o poco frecuentados, hizo que fuera una ciudad en la que me sentí bastante cómodo.


Tras despedirme del centro histórico de Belgrado, caminé cuesta abajo en dirección a la estación de autobuses con la mente puesta en mi próximo destino...Macedonia.


Próxima parada: Skopje!!